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Un nombre más en la lista del genocidio, Javier Millacan

por Moira Millan , #Esquel, 16 de Febrero 2016

Ayer participé de la marcha de silencio en reclamo de  justicia por el horroroso asesinato de Javier #Millacan, acontecido en la ciudad de Esquel el 15 de enero de este año.

     Dolor e impotencia.  Me crucé con él unos días antes de su muerte. Conversamos ligeramente. Habían pasado tres años desde la última vez que nos vimos. Sentí una extraña e incómoda sensación, oscura y densa. Ahora pienso que quizás la muerte nos marca, se empoza en nuestra mirada con antelación, va de a poco y sutilmente cubriéndonos con su mortaja negra.

     Javier Millacan tenía su newen de weichafe y de haber nacido en otro tiempo tal vez,  dos siglos atrás,  lo hubiera visto lucirse en la lucha como un hábil jinete con lanza en mano. Pero vino a nacer en este tiempo. Donde mi pueblo sufre la esclavitud de un estado racista y opresor que no cesa en su empeño de exterminarnos.

La nuestra, una infancia dura, plagada de injusticias, abusos, aberraciones, que nos marcaron para siempre.

Lo conocí en la lucha, en general así suelo conocer a las grandes personas que nutren mi vida. Yo había organizado en la ciudad de Esquel, provincia de Chubut, un particular movimiento de desocupados, en su mayoría Mapuches y [email protected] [email protected] Nuestra consigna principal de denuncia era la “minería no es la puerta de ingreso al trabajo, es justamente la que nos cierra.” Porque la ciudad estaba siendo saboteada con los planes y se complotaban funcionarios cómplices de las mineras para instalar una atmósfera de pobreza que condujera a los sectores más vulnerables a pedir trabajo con la megaminería. Luchamos contra ese montaje y reclamamos que no se le otorgara la habilitación comercial a la empresa minera y que el municipio gestionara fuentes laborales genuinas y en armonía con la naturaleza. Así nos conocimos en plena toma de la municipalidad de Esquel.

Se sumó convencido de que al destino hay que torcerlo con la fuerza y determinación de [email protected] [email protected] Desde allí caminamos la lucha [email protected]   Por supuesto hubo risas, bailes, comidas y salidas. Con él supe que para mi gente sólo había un boliche bailable en el que eran bienvenidos, todos los demás le cerraban sus puertas.

Él intentó aportar su granito de arena a una infancia mejor en su barrio, nadie mejor que él para palpar el hambre, la violencia y la soledad de los niños. Él lo había experimentado. -He llorado escuchando los relatos de su niñez… el alcohol y alguna que otra droga le fue ofrecida por los mercaderes de la muerte como aliciente y adormecedor poder ante el despertar de su rabia. Los mismos que lo ultrajaron asesinando su niñez, lo controlaron con las armas más eficientes para eliminar el más noble espíritu humano.

Un día, esos políticos corruptos, le dieron dinero y una orden: -¡¡Darme una paliza!!-. Llegó una noche pasado de droga y alcohol a golpear la puerta de mi casa, mis hijas asustadas lloraban y sin pensar en las posibles consecuencias lo tomé del brazo y  lo llevé distante, lo reté como a un niño y luego con ternura le dije cuánto me dolía verlo así. Mi espíritu lo reconocía como un hermano de mi pueblo valiente un weichafe un guerrero. Él me contó lo de la paga y la paliza, quienes fueron los ideólogos, y me advirtió que debía irme porque sí él no cumplía esa tarea otros lo harían. Me dijo también que me quería. Yo había entrado en su corazón. El amor convierte en milagro el barro. Salvó mi vida.

Al poco tiempo me fuí de Esquel. Los que gobiernan nunca dejarán de perseguirme. Nunca olvidé esa noche y esa revelación que salvó mi vida.

Javier fue asesinado hace un mes. Golpeado y apuñalado salvajemente. Pero yo siento que el sistema lo empezó apuñalar desde niño. El #genocidio contra los pueblos indígenas tiene muchas estrategias y formas, la muerte es su objetivo.

…Anoche volví a desvelarme y amanecí llorando, no bajaré mi puño en alto contra tanta muerte organizada.

Justicia para Javier Millacan, “Manito”, así le decían desde siempre. Un nombre más en la lista del genocidio, un motivo más para no detenernos.

Moira Millan

Denuncia
Justicia por Javier Millacan

 

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